A LOS QUE NOS ESCUCHAN
Hay gente que normalmente no visita bares, restaurantes, cafeterías, y todo ese universo que rodea a lo que llamamos hostelería.
Pero tengo que decir que en realidad son muy pocos quienes realmente no lo hacen, así como también son pocos los que no se benefician de ella (y no me refiero a los propios hosteleros ni a la cantidad de gente que “gira” alrededor de esta gran empresa, cada vez mayor y en especial en España).
Y no son pocos porque el ser humano es gregario, necesita de compañía, de calor, poder comunicarse, contar sus alegrías y sus tristezas.
Alguien dijo en una ocasión que la taberna era el psicólogo del pueblo. Y es cierto. Lo es desde el principio de las mismas porque al fin y al cabo, qué mayor placer y relax que el que alguien nos escuche (o al menos lo parezca) y al mismo tiempo verse rodeado de multitud de gente de todos los grupos sociales y culturales a los que en ese sancto-sanctorum (la taberna) podemos acceder.
¡Cómo en estos días, quizás por primera vez en la historia, echamos de menos el quedar para tomar unas cañas; el sentarnos en una terraza; la familiaridad de los establecimientos, de los camareros y camareras, tantas veces confidentes en silencio y sufridores por hacer nuestra estancia corta cuando nosotros la hacemos tan larga!
En fin, cuántas cosas podría contar alguien que nació, sí, nació en un bar, con comadrona, pero en un bar, y que lleva 62 años viviendo en él, respirando todavía hoy (a pesar de que hace muchos años que no se fuma en los locales) aquel olor a habano y cigarrillo, a conversación profunda y a amanecer temprano.
Es por todo ello y mucho más, en estas fechas en que no podemos dejar de hablar del turismo y tampoco disfrutarlo, que creo que a los taberneros del mundo, a los que hasta hace muy poco solo se les aplaudía para que acudiesen solícitos, y dado que sí es cierto que somos los psicólogos del pueblo y por tanto perteneceríamos a la “rama sanitaria”, un día de estos, por ejemplo, a las 8:00 h de la tarde, se abriesen las ventanas del mundo y nos dedicasen una sonrisa.
Manuel Vázquez Yáñez
Restaurante Campos Lugo