APEHL

OPINIÓN | Navegar solo empujado por los remos de otros

Este mes de marzo cumpliré veinte años vinculada a la Federación Regional de Empresarios de Hostelería y Turismo de la Región de Murcia. Entonces se llamaba Hostemur; hoy es HoyTú. Dos décadas viendo pasar normativas, crisis, reformas laborales, pandemias, ayudas, negociaciones imposibles... Y alguna que otra victoria silenciosa. Y, sobre todo, veinte años aprendiendo una verdad esencial: ningún sector se sostiene solo, aunque a veces lo parezca.

Y en ese contexto, hay que recordar que el asociacionismo empresarial es libre. Nadie está obligado a asociarse. Pero conviene no confundir libertad con indiferencia, ni independencia con aislamiento interesado.

Creo que las organizaciones empresariales no nacieron para hacer negocio. No perseguimos beneficios económicos ni trabajamos para unos pocos. Somos entidades sin ánimo de lucro que cumplen una función vertebradora: intermediar entre el sector y la administración, defender intereses colectivos, negociar convenios, interpretar normativas, pelear ayudas, anticipar cambios y amortiguar golpes que, de otro modo, caerían directamente sobre cada empresa. Y todo eso se hace, es importante recordarlo, tanto para empresas asociadas como para las que no lo son.

El convenio colectivo que regula condiciones laborales, los avances normativos que aportan seguridad jurídica, las ayudas sectoriales, los marcos de diálogo con la administración... Todas esas herramientas no distinguen entre carné de socio y empresa ajena. Benefician al conjunto del sector, también a quienes han decidido no formar parte de ninguna organización.

En estos años he visto pasar por mi federación presidentes y juntas directivas que se han dejado la piel. Personas que han entregado su tiempo, su energía y, en muchas ocasiones, recursos propios. Empresarios que han asumido responsabilidades, críticas y desgaste personal sin cobrar un solo céntimo, movidos por el convencimiento de que trabajar por el bien común fortalece al sector entero. Grandes empresarios y mejores personas. Y ese esfuerzo invisible rara vez se reconoce, pero sin él nada de lo que hoy damos por hecho existiría.

Hace unos días, en un evento, una empresa no asociada a HoyTú se definió como outsider. Lo dijo con orgullo. Como quien presume de viajar solo, de no necesitar a nadie, de ir por libre. Y no pude evitar pensar en la trampa de ese discurso. Es muy fácil navegar solo y avanzar cuando el esfuerzo en los remos lo ponen otros. Es muy cómodo viajar al margen cuando hay asociaciones compuestas por empresarios como tú —con tus mismos problemas, tus mismos riesgos, tus mismas nóminas— que sí creen en la importancia de ir juntos. Empresarios que, desde 1977, sostienen estructuras colectivas para que el sector avance con una sola voz.

En casi veinte años de trayectoria, catorce de ellos como secretaria general, me he convertido en una firme defensora —y sí, una enamorada— del asociacionismo. No por teoría, sino por experiencia, por convencimiento. Porque he visto desde dentro el altruismo, la generosidad y el compromiso real de quienes entienden que trabajar juntos nos hace más fuertes. Que respetarnos, escucharnos y caminar en la misma dirección no resta independencia, sino que multiplica capacidad y protección.

Porque las asociaciones empresariales no se mantienen solas. Se sostienen gracias a personas que creen que el sector es algo más que su propia empresa. Personas que saben que, sin representación colectiva, cada negocio estaría solo frente a la administración, la legislación cambiante y un entorno cada vez más complejo.

No se trata de señalar ni de imponer. Se trata de llamar a las cosas por su nombre. Vivir al margen del asociacionismo mientras se disfruta de sus logros no es una postura ideológica: es una decisión cómoda. Legítima, sí. Pero cómoda.

El problema no es que existan outsiders; es cuando se desprecia el valor de las organizaciones mientras se camina por el terreno que ellas han allanado durante décadas y, a pesar de muchas horas de trabajo invisibles e infinidad de sinsabores, siguen allanando.

Quizá ha llegado el momento de reivindicar, sin complejos, el papel del asociacionismo empresarial. De explicar mejor qué hacemos, por qué existimos y qué coste tiene (humano y económico) sostener una voz colectiva. Y también de invitar a reflexionar a quienes hoy viajan solos sobre si ese viaje sería posible sin quienes siguen remando.

Porque en los sectores fuertes no hay héroes solitarios. No hay Supermanes. Hay redes. Hay equipos. Hay compromiso. Y hay personas que, desde hace casi cincuenta años, entienden que avanzar juntos no es una debilidad, sino una responsabilidad compartida.